Otro hincha de los All Blacks

Boileau dijo que solo los reyes, los dioses y los héroes eran personajes adecuados para la literatura. Un escritor solo puede escribir sobre aquello que admira. Y los reyes de hoy en día no son interesantes, los dioses se han ido de vacaciones y los únicos héroes que nos quedan son los científicos y los pobres.

John Steinbeck

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A Steinbeck le faltaron los deportistas. Y es que qué niño no ha soñado con ser arquero, jugador, o ciclista. ¿Quién no ha sentido la emoción al ver los triunfos de Mariana Pajón y Catherine Ibargüen? ¿Los goles de James en el mundial? ¿Cómo no deslumbrarse ante el coraje de Nairo? Si todavía siente dudas tiene que leer la historia de Esteban Chaves. Y éstas son apenas historias recientes, la humanidad tiene el privilegio de los demasiados deportistas

Pero no son esos grandes deportistas la inspiración de este escrito. No, el mundial de rugby se avecina y toda mi admiración, toda mi energía y todo mi dinero, está con Nueva Zelanda, está con los All Blacks.

Hay amores heredados y poco racionales. Nací en Bogotá, pero soy hincha del Medellín porque mi abuelo era hincha, mis tíos y mi mamá son hinchas y mis hijos serán de apellido Lemoine e hinchas del Medellín. Será lo que les tocó. Están los consecuentes, soy hincha a muerte de cualquiera jugando con una camisa de Colombia. Me siento orgulloso de que seamos campeones mundiales de salsa, del clavadista, incluso de Juan Pablo Montoya, a pesar de que no sea de mi agrado. Ir en contra sería ir en contra de lo que soy. Y después están los amores de colegio, puros y fugaces. No tengo nada que ver con Nueva Zelanda, no sé cuál es la capital, no me interesa el régimen político,y ni siquiera sé donde queda. Pero como pasaba en el colegio, siento que es el amor verdadero. Lastimosamente, no soy un niño y esto me ha pasado antes. Lo sentí con el Australia de Gregan y Larkham, para después ver un Australia penoso con James O’Connor. Lo volví a sentir con los Pumas de bronce, pero no lograron mantenerse y ahora son los All Blacks. Algunos podrán pensar que se debe a su dominio en la cancha, al increíble número de trofeos, pero no. Hace tiempo aprendí que se debe admirar lo que las personas son, no lo que hacen. Prefiero al Atlético de Madrid, la mejor selección Argentina de fútbol fue la de Bielsa, y sentí morir con los Hurricanes que nunca ganaron. Ya lo dijo Simeone, se puede perder, se puede ser más claro o menos claro, jugar bien o mal, pero el esfuerzo no, el esfuerzo no se negocia. Al final lo importante son los medios, y estos All Blacks han recorrido un largo camino que termina con este mundial. A los que siguen conmigo les voy a contar pedacitos de esa historia, la historia de tres Mosqueteros que visten de negro.

Richie McCaw

Es obvio empezar por él. Capitán de los All Blacks, de los Crusaders, campeón de Súper Rugby en varias ocasiones, campeón del tres naciones y del rugby championship, campeón mundial, el jugador con más partidos internacionales, mejor… Bla bla bla. Lo que la gente hoy en día parece haber olvidado es que Richie McCaw también es el capitán del peor All Blacks de la historia y también estuvo en el 2003 cuando perdieron en el mundial con Australia y Gregan al verlos derrotados les dijo, “son cuatro años más, solo cuatro años más muchachos”.

Pero volvamos al equipo de los All Blacks que no pasó de los cuartos de final en el 2007. La derrota se dio contra Francia, un equipo al que le habían ganado por 40 – 50 puntos antes. Los hechos son que Nueva Zelanda dominó en todos los aspectos del juego (Posesión, territorio, formaciones fijas, Francia hizo 331 tackles, los All Blacks 73, Los All Blacks rompieron la línea 13 veces, Francia 4, All Blacks 25 offloads, Francia 5, etc.) excepto en el marcador 18 – 20 a favor de Francia.

Según Graham Henry, el entrenador de los All Blacks, la razón por la que perdieron fue por el árbitro, incluso llegó a pensar que las apuestas y la localía habían influido en el resultado. Pero esto es rugby y el rugby no es así…. El hecho es que según Graham en ese partido le dejaron de pitar 40 penalties, varios de ellos al final del partido y en una distancia asequible a palos. En conclusión le robaron.

¿Saben por qué perdieron según Richie? Por culpa de él. El equipo se había quedado sin Carter y cuando le preguntaron si ir por el drop esquivó la responsabilidad. Dijo si la oportunidad está lo hacemos, pero el equipo nunca buscó el drop. Richie nunca dijo vamos a ganar con un drop, una declaración que lo habría cambiado todo. Además se culpa de no haber notado que era el primer partido importante del árbitro y por lo tanto no iba a pitar algo que cambiara el resultado. Para terminar mientras Graham Henry, solo habla del árbitro, Richie también asume la culpa de que el equipo no tuviera una sola jugada que terminara en drop.

Richie McCaw no es un grande por los partidos que ha jugado, ni por los trofeos que ha ganado, es lo que es porque pudiendo esconderse asumió la culpa de la peor derrota en la historia de su país.

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Dan Carter

Existen jugadores que deben esforzarse muchos años, y su grandeza es producto de la disciplina. Hay otros, todos conocemos alguno, que simplemente fueron tocados por la varita. Plim, vas a ser un un gran jugador de rugby. Este es el caso de Carter, que fue descubierto desde muy joven. Hubo algunas dudas sobre si debía jugar de diez o de centro pero su calidad era incuestionable. Rápido, inteligente y un uso del pie de otro mundo. Mientras la mayoría debe esforzarse muchos años para ser titular en una selección, Dan Carter no. En el 2004 a un tour en Europa llevaron a Carter y dejaron a Mehrtens y a Spencer, All Blacks altamente reconocidos. Imagino que las cosas siempre fueron así para Dan, un niño bonito con mucho talento. En aquella época me parecía un apertura arrogante, uno de esos que cree que le hace un favor al mundo jugando y olvida el privilegio que es jugar. Jugaba mucho, pero emocionaba poco. Un pecho frío.

Ni maestros ni padres educan demasiado: a éstos les ciega el cariño y no ven qué corregir en sus educandos; aquéllos no tienen, en su misión.

¿Quién educa, entonces? Uno mismo. El que sea educable se forma y se pule a sí mismo con el trasegar de la vida, tal como la pedrezuela que ha rodado.

Y Dan Carter ha rodado. Estuvo en el 2003 cuando perdieron con Australia, en el 2007 salió lesionado en aquel partido contra Francia que perdieron por no hacer un drop que debió haber sido suyo. Para terminar, en el último mundial se lesiona en primera ronda. Aunque Dan es campeón mundial, nadie sueña con recoger la medalla de corbata y en muletas.

Este es su último mundial y ahora sabe el privilegio que es.

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Conrad Smith

Cuando sea grande no quiero ser presidente ni millonario, tampoco jeque árabe, ni premio nobel, ni vicepresidente de multinacional, cuando sea grande quiero ser como Conrad Smith.

Conrad es un jugador hecho a partir de la disciplina. En el 2006 sufrió ruptura de tibia y peroné y después de una cirugía y mucho trabajo Conrad fue convocado para el mundial de 2007. Sin embargo, no fue tomado en cuenta para el partido contra Francia. El segundo centro fue Mils Muliaina, el gran full back, en una decisión que sorprendió incluso a Muliaina.

No es un jugador de gran velocidad, tampoco es potente, nadie diría que es un tren, tal vez una bicicleta, y nunca hizo parte de ningún seleccionado menor. Sin embargo es considerado uno de los grandes centros de la época. No siempre fue así. La historia comienza cuando convive con Tana Umaga, su mentor, en los Hurricanes. Allí se hacen amigos, y Conrad comparte con Tana su frustración por no ser el típico centro lleno de potencia y velocidad. Tana Umaga le aconseja que se concentre en sus fortalezas y que no busque ser lo que no es. En esta historia está la grandeza del deporte. Dos amigos compitiendo por un puesto, uno que confía sus inseguridades, el segundo que le da el consejo de la vida.

¿Entonces por qué es tan bueno Conrad?

En ataque sabe siempre poner a sus compañeros a jugar, en defensa… Bueno, en defensa, ser segundo centro es el puesto más difícil de todos, porque a diferencia de los otros puestos que tienen un rol definido (el 10 con el 10, el 12 con el 12, el último con el último) el 13 debe escoger si ir de punta por su 13 y arriesgar que lo sobren o esperar e ir por el 15 y regalar unos metros. En esta decisión que se toma después de carreras falsas y señuelos y para la que no hay fórmulas (sin importar lo que digan los entrenadores) Conrad Smith es el mejor del mundo lejos, y eso hace toda la diferencia.

La historia de estos tres termina en poco más de un mes, al final todos caemos, pero como en las tragedias, es la forma de caer la que distingue a los héroes del resto.

Estén pendientes, va a ser bonito.

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Acerca de Pablo Lemoine

Jugador activo de Carneros, selección Bogotá y Tucanes desde 2002
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