Una despedida con sabor a regreso

Todo tiene un momento y un lugar, le oí decir alguna vez a Pablo Lemoine, y el sábado 18 de mayo me di cuenta que es 100% cierto.

Antes de que muchas de las personas que hoy jugamos rugby o siquiera conociéramos este deporte, un grupo de mujeres “locas”, decidieron intentarlo. En aquel entonces no solo era una práctica exclusiva para los hombres, sino que se pensaba que era una disciplina para “animales”. Sin embargo, ese grupo de amigas decidió ir en contra de la corriente y de la filosofía machista que insistía en que las mujeres no podían practicar “un deporte de rufianes jugado por caballeros” y se dieron a la tarea de conformar uno de los primeros equipos de rugby femenino del país.

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Arrancaba el siglo XXI y con el arrancaba el rugby femenino, nacía Antrax, el primer equipo de esta modalidad de la Universidad de los Andes, un equipo totalmente independiente, pues en esa época se decía que Carneros era y sería un equipo netamente masculino. Con el paso del tiempo las niñas cambiaron su nombre, se llamaron Séneca y después Lynxs (Linces), esto antes de llamarse Carneros, pero su esencia era la misma, su dedicación era infinita y el objetivo era la amistad.

Entre los equipos de hombres y mujeres había buenas relaciones, pero por cuestiones de tradición no entrenaban ni viajaban juntos, mientras a ellos los apoyaba la universidad, ellas vendían sanduches para costearse sus gastos, organizaban rifas y se las ingeniaban para lograr lo que se proponían. Y lo lograron TODO. Viajaron solas, se entrenaron y con el apoyo de algunos hombres que en contra de lo que decía su entrenador decidieron apoyarlas ganaron más de un campeonato. Cuenta la historia que cuando empezaron a llegar los resultados, también empezó a llegar el apoyo de forma oficial.

Hoy en día ninguna de aquellas jugadoras de esos primeros equipos juega en Carneros, Marula vive en el Reino Unido, Estebana e Ingrid en Alemania, Sara en Alaska, Camila Tabima en Phoenix, Carolina Fernández en Bélgica, Diana Hernández “la polla” en Panamá y Catalina Aguilar en Australia, algunas aún siguen viviendo en Colombia, Catalina Infante, Diana Rodríguez (Diana rodilla), Lina Reinoso, Natalia Vargas, Adriana Pinzón y Laila quienes están dedicadas a su labores diarias. Siguen siendo amigas y después de la amistad lo que más las unen son sus recuerdos y las aventuras de su deporte y de su equipo, de Carneros.

La mayoría decidieron retirarse por voluntad, algunas siguen jugando de forma esporádica, pero Diana Rodríguez y Laila se vieron obligadas a retirarse antes de tiempo, cuando el cuerpo simplemente dijo “no más”, la primera se lesionó la rodilla y la segunda se lesionó la espalda, y se fueron, obligadas y con ganas de seguir jugando.

Un día Laila me dijo, “me gustaría jugar mi último partido y lo haría antes que me operen, pero me da miedo, igual no creo que en Carneros me dejen porque no entreno y no juego hace como 5 años”.

Fue en ese momento en el que decidí hablar con Pablo y con Guajiro para que Laila pudiera jugar ese partido que había soñado, les expliqué la situación y les pregunté si era posible que le dieran un par de minutos para que pudiera decirle adiós a este deporte que tantas alegrías le dio. La respuesta no se hizo esperar, fue un SI rotundo, solo quedaba esperar a que las niñas de Carneros jugaran para que hiciera parte del partido así fuera en la banca.

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Su cirugía estaba planeada para la tercera semana de mayo, es decir entre el 14 y el 17, y como si el destino estuviera en contra de ella y del rugby, el segundo fin de semana todos los equipos descansaban, era el torneo de Medellín y como es costumbre no había fecha en la liga de Bogotá. El plan se estaba cayendo, el partido de despedida parecía cancelarse, el sueño parece que no se iba a cumplir.

Pero como dijo Lemoine, todo tiene un momento y un lugar, y como si ese destino que antes jugaba en contra ahora quisiera darle a ella la oportunidad de decirle adiós a su deporte y a su euipo, el resonador de la clínica se dañó, la cirugía simplemente no se podía hacer y los nervios propios de la imprevisión no se hicieron esperar; pero todo pasa por algo y esta vez habría una razón de peso para que todo se diera de esta manera, había una tarea pendiente y no se podía fallar.

Jueves 16 de mayo media noche.

Guajiro me escribe preguntándome por la cirugía de Laila,

-Bien o no, cuándo es que operan a su mujer

Le cuento lo sucedido,

-La cirugía se aplazó, gracias por preguntar, yo le aviso apenas sepa algo, (en ese momento pensé que estaba preocupado y quería saber cómo le había ido en la intervención)

-Es para ver si juega el sábado con las niñas- me replicó.

-De una- Le respondí. –Cuente con ella así sea en la banca.

En ese momento todo tuvo sentido, el destino sabía que el rugby y Laila tenían una cita pendiente, se debían un adiós y era justo, para ambos, dárselo. Era la oportunidad perfecta, las condiciones estaban dadas, solo quedaba esperar.

Llegó el sábado y la ansiedad era notoria, ninguna de las niñas del equipo había visto a Laila con el uniforme, de hecho muchas de ellas no sabían quién era, muchas eran apenas unas niñas cuando se conformó el primer equipo de rugby femenino de los Andes, muchas no entendían porqué una persona que NUNCA habían visto entrenar tenía el famoso “Black & Yellow”.

Guajiro las reúne y les explica “ella es Laila, es fundadora de Carneros y se lesionó la espalda jugando, la van a operar y hoy es su último partido por eso ella está acá, para las que no sepan”. Le agradece a Laila y la invita a divertirse le dice que va a jugar unos minutos al final y las manda a calentar.

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Empezó el partido Laila estaba en la banca, Guajiro jugaba con el equipo de Carneros en la otra cancha y dejó a Edu encargado. No quería entrar, el partido estaba apretado y tenía miedo de embarrarla, un error podía costar el partido, sin embargo Guajiro había sido claro con ella al decirle “No importa se cometes mil errores, no importa, lo importante es que te diviertas y la pases rico”.

Minuto 3 del segundo tiempo, Edu la llama y pide el cambio.

Laila jugó un poco más de 3 minutos, tacleó 2 o 3 veces, entró a un par de scrums en los que se robó un par de balones (como lo hacía antes) y terminó parada en la mitad de la cancha cuando el juez pitó el final como lo merecía ella, como lo merecía Carneros y como lo merecía el rugby. Aunque el partido se perdió (por 3 puntos), ella salió con una sonrisa tan grande que cualquiera que la hubiese visto pensaría que le iban a entregar la copa Webb Ellis. Le pudo decir adiós a su deporte, lo hizo con su equipo, el que ayudó a formar hace más de 10 años, lo hizo vestida de negro y amarillo en su camiseta, con el corazón pintado con los colores de Lynxs, Antrax y Séneca, pensando en sus amigas y con la satisfacción del deber cumplido.

Se cerró un ciclo y espero que ahora las niñas con las que jugó su último partido entiendan la razón por la cual ella estuvo parada ese día con ellas. Laila se despidió como quería, eso sí, dejando claro que tan pronto la operen le va a preguntar al doctor si puede seguir entrenando, fue una despedida con sabor a regreso.

Después de vivir esta historia me di cuenta que hay muchas personas que tienen pendiente ese partido que Laila pudo jugar ese sábado, como dijo Giovanny Daza, “uno nunca sabe cuando puede ser el último partido”, ella lo supo y lo disfrutó, ahora hay que disfrutar lo que viene, hay que seguir adelante y esperar que vuelva a las canchas (aunque no sea como jugadora). Sin embargo, le queda un partido pendiente, el de la despedida con sus amigas, el partido en el que marula, Lina Reinoso, Natalia Vargas, magola, Sara, Ingrid, Estebana, la polla y las demás jueguen para decirse adiós en las canchas y recordar que seguirán siendo amigas fuera de ellas.

Un buen reto para Carneros para que organice ese partido no solo el de las niñas sino el de todos los miembros del club pues no son pocos los que no se han despedido como debe ser y tienen esa cita pendiente. Esperemos que se pueda dar pronto.

Coda: Este es un reconocimiento a todas las personas que estuvieron antes y que gracias a ellos jugamos este deporte. También es una invitación a las nuevas generaciones para que conozcan su historia y la disfruten.

Agradecimiento especial a Guajiro, Pablo y a Edu, cómplices de esta aventura, a Sammy, Nacor, Angelita, Tefa y las demás Carneros que acompañaron a Laila en este último partido. A Lina Reinoso, Carolina Fernández, Estebana, Camila Tabima, Catalina Infante y Aguilar, Sara, Marula, Magola y TODAS las niñas que se atrevieron conformar un equipo de rugby y a abrirle paso a la división femenina de la Liga de Rugby de Bogotá, a los hombres que aunque no pudieron saludar a Laila (pues estaban jugando) estuvieron pendientes.

Acerca de Andrés Berrocal

Jugador de Barbarians Rugby Club.
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