Se acuerdan de esa vez…

Se acuerdan de esa vez…

Se acuerdan de esa vez que nos ganamos el Gatorade en casa. No me acuerdo el año pero teníamos un combo. Los delanteros: Mauro, Edu, G, El Paisita, Guío y el vagabundo de Thomas. El nueve era el Uru y en la línea estaba Pablito, Sabbagh, Alex el australiano, Gabriel y el sinvergüenza de Medellín. No nos ganaban ni los All Blacks jugando con 10.

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Claro que me acuerdo. Como siempre con Carneros la cosas empezaron mal, para el primer partido eramos 5, 6 con Alex pero Pinky quería sacarlo. Era contra Alianza C. Los amigos de Alianza al ver el negro y el amarillo en la cancha decidieron que todavía estaba temprano para recibir una paliza. Después de todo perder por W no es tan grave.

Para nosotras todo fue diferente. Éramos Angelita, Any, Laura, las dos Danielas, Fagua, Nacor, Adriana, Tefa, Valeria, Silene y nuestra capitana Camila. Desde el inicio del año veníamos perdiendo todo. Estaba claro que lo estábamos pasando mal y ganar el torneo era imposible. Los demás equipos parecían mejores, especialmente Minotauros que, para nosotras, eran gigantes, talentosas y más rápidas que Aquiles. Nuestro plan era participar, pero todo cambió después de entrenar con los hombres. Ese entrenamiento fue clave, cambió nuestra actitud y nos hizo ver que podíamos con cualquiera. De ahí en adelante estábamos listas.

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Nada que ver con nosotros. Nosotros siempre nos tuvimos fe. Para el primer partido llegó el resto de la caballería y los que se pararon enfrente no entendían lo que estaba pasando. Veían a Edu, Guio, Alex y Mauro pero solo justo antes de la salida de centro de G, después sólo sabían que un viento había pasado y que nuevamente les tocaba recibir. El entrenador contrario sólo gritaba exigiendo corazón, como si la diferencia fuera solo un tema de pasión.

Para el partido siguiente el ejército estaba completo y la destrucción era inminente. Último partido del día y nuevamente un marcador abultado. Ahora a descansar que al otro día, de nuevo, había combate.

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Nosotras también salimos contentas el sábado, le ganamos a Cancerberas pero además le ganamos al gran Minotauros, qué partido. Pensábamos que lo peor ya había pasado, pero lo peor aún estaba por venir, bueno, tal vez lo mejor.

Al otro día a nosotros nos tocó la UIS en cuartos de final.

Ya éramos viejos amigos con ellos en esa época. Para entonces habíamos compartido un par de finales y seguro no querían enfrentarse a nosotros. Pero ya está dicho y a la UIS le tocó sopa otra vez.

El partido empezó y la UIS puso ritmo, pero Carneros, que sabe bailar al ritmo que le toque, supo bailar y le dio a la UIS una vuelta por la pista. El baile estuvo bueno y ambos equipos mostraron sus armas, pero la UIS había decidido jugar en casa de Carneros, y la casa es la casa. El resultado final: la UIS camino a casa pensando en la revancha.

Nosotras empezamos el domingo contra Jaguares, en este momento ya sabíamos lo que teníamos y el plan era mostrárselo al mundo. Las niñas de Jaguares nos causaron problemas y nos recordaron que en este deporte pueden haber sorpresas, pero no ese día y menos en casa. Barbarians jugó contra Minotauros y le dio un paseo que ninguna esperaba. La final sería contra Barbarians, las dudas de nuevo volvieron. Ese Barbarians era un equipazo, y nosotras, de repente, ya no nos sentíamos tan buenas.

Nuestra semifinal fue contra Alianza, salida de Centro nuestra, ellos reciben, abren el balón y Pablito, nos recuerda que es humano, mide mal y falla el tackle. 5 – 0 ganando Alianza y ahora ellos tienen ilusión. Pero Carneros como el río que pule la piedra de forma callada y paciente, siguió con su juego y orden. Recibió la salida, volteó el marcador y le recordó al mundo que se necesita un poco más para ganarle al dueño de casa.

Para entonces ya el sueño estaba cerca, un equipo de Carneros en cada final. El calentamiento fue algo único. Dos equipos codo a codo siendo mucho más que dos. El destino quiso que, por esta vez, los hombres fueran primero.

Desde el pitazo inicial Carneros no funcionó. Indecisión a la hora de defender e imprecisión a la hora de atacar. Minotauros se puso arriba y segundos después entró el segundo try. El desconcierto era total. Los aires triunfalistas del inicio se convertían en nerviosismo. Un equipo joven se crecía e intentaba poner contra las cuerdas a un gigante. El primer tiempo se fue con un amargo resultado.

Cómo si el destino fuera contagioso, el primer tiempo de nosotras fue igualito. Un mar de nervios y nada funcionaba. Dos tries de Barbarians, y el mundo se venía abajo. En medio tiempo nos hacía falta Guaji, no sabíamos qué hacer. A Daniela se le notaban las ganas de entrar y Camila tenía un presentimiento, así que preguntó, nadie respondió y decidió que Daniela debía entrar.

Nosotros en medio tiempo metimos a Medellín, Pablo tenía el presentimiento de que el negocio era por el Ala y al equipo le serviría un aire ahí.

Empezó el segundo tiempo y antes de que terminara el primer minuto el Paisita le recuerda a todo el mundo que lo suyo es el quinces y que pisar es para otros. Se va de punta, saca la mano y anota debajo de los palos, 14-7 y algo bonito se estaba formando.

Nuestro primer try fue una jugada de entrenamiento, llevar el balón de una punta a otra para generar espacio. Lo habíamos hecho un millón de veces y un millón de veces se nos había caído el balón. Guaji nos había regañado por eso, pero ese día el balón no iba a caer. Camila a Angelita, Angelita a Tefa y Tefa a Adriana que corre toda la cancha. Try de tablero y ahora había ilusión.

Nuestro try para empatar lo hizo el Uru. Balón en el centro de la cancha y, como los viejos que están por encima de las reglas, esos con suficientes batallas para saber que es ahora o nunca, decide irse de punta. A la mierda los sistemas, las células, el apoyo y la teoría. Encuentra un hueco y try debajo de los palos. De ahí en adelante Carneros fue una tromba a la que no paraba ni el ejército Rojo en Stalingrado. Después vino lo inevitable, el tercer try que nos dio la victoria. Este try fue de Thomas, una de las fichas del sindicato. Entró al equipo en contra del establecimiento por su mala conducta, pero como al final del día esto es familia cuando recibió el balón con espacio corrió como el más ferviente y disciplinado Carnero. No importaron las vacaciones, ni el cansancio, era el momento de dejar los pulmones y correr a la gloria.

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Para nosotras el segundo try viene de una recuperación de Camila, arranca a correr pero la alcanzan, pase a Angelita y de Angelita a Valeria. Hoy recuerdo perfectamente la corrida de Valeria y la patada de Daniela que nos dio la victoria. Qué corrida, qué patada.

Todos recordamos esa patada, a Wilkinson y Carter les gustaría patear así. Si es que fue un drop de 20 o 30 metros.

Yo creo que más.

Qué gran torneo, y después se vino Cali. ¿Se acuerdan de Cali?

Claro, si entrenamos un montón para ese viaje.

Nosotras también…

Un agradecimiento especial para Maria Serpa por las fotos, a Camila Cardona que me contó la historia y a Carlos Barrera pues sus crónicas fueron claves.

Acerca de Pablo Lemoine

Jugador activo de Carneros, selección Bogotá y Tucanes desde 2002
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